y sigo leyendo

Es raro. Es maluco. Es incomodo y me hace sentir incómoda. No quiero que me siga doliendo. No quiero que se me arrugue el corazón. No quiero sentir mis manos frías. Ya mi amor está bajo de nota. Ya sé que no es igual. Ya sé que la emoción se perdió. Ya sé que ella es ahora la principal antes que yo.

Me duele el ego y es mi culpa por mi maldito trabajo.

Anuncios

El trapo en el platero

Hay una virosis en este recinto… una plaga que carcome la decisión y deshonra la capacidad de crear.

Quiero encontrar la razón, el argumento y las palabras precisas para decir lo que siento. El titubeo, el llanto, mi represión, entidad que odio y me domina, han acallado mis sentimientos y poco a poco van nublando esa luz que algún día guió y abrió las puertas al amor y la paz (la bella calma del alma).

Tengo miedo de lo desconocido; tengo miedo de fracasar, tengo miedo de tu ira, tengo miedo de mi misma y mis decisiones. Tengo mucho miedo a errar y caer en el profundo agujero de la tristeza.

Quiero hablar y aceptar mis palabras; aceptar mis errores, abrazar mi inpuntualidad y darle la oportunidad de transformarse en un compromiso. Quiero salir de mi neblina mental, trepar mi barrera cínica y vivir cada día de verdad. Vivir con entrega consciente, sin pereza, sin opresión, sin miedo. Quiero dejar mi baja autoestima tirada por ahí y que se pudra sola.

Duele aceptar que los miedos se convierten en realidades solo porque mentalmente estás proyectando ese temor a tu destino. Duele saber que eres indeseable, aburridor y harto para otra persona. Duele que, a pesar de tratar, no haces lo suficiente y sigues siendo un puto mediocre chapoteando contra la corriente… chapoteando sin total convicción.

Es poco lo que me quieres. Te doy las gracias por manifestarme la alerta roja y darme a entender que puede revivir la cosa si cambio de actitud y asumo mi rol.

Asume tu rol así como cuando decides lavar los platos.

Hola!

Hola bello. Te vi pasar y tu barba despistó mi camino; tu naríz me invitó a confiar un seguro beso en tus labios y tus palabras son mi derroche de ilusiones.

¿Será verdad tanta maravilla? ¿Seré solo yo?

Hay tantas delicias en este planeta que sólo puedo pensar que en tu mundo soy una más de ese montón de abrazos húmedos que estrujan tus caderas.

Yo quiero ser la única y en tono muy egoísta lo manifiesto porque cada día descubro una estrella nueva en mí.

Estoy aprendiendo a quererme y compraré los zapatos de plataforma que quiero desde enero.

 

Soy real?

Ahogada en mis lágrimas, tsunamis de un tormento que quisiera entender. ¿Son de verdad? ¿Son de mentiras? ¿Soy capaz?

¿Tengo miedo? tengo miedo de no lograrlo. De no llegar a verme en esta realidad. Mis pasos tímidos avanzan y seguros retroceden de su dirección.

Quiero gritar y escaparme de este cuerpo absurdo. De esta voz insegura, de estos ojos que lloran y lloran. Quiero abandonar esta ESTÚPIDA existencia que me reclama a diario lo idiota que soy.

¿Cantar? Fingir que canto.
¿Reir? Fingir que río
¿Bailar? Creer en vano que me libero
¿Correr? llamar la atención como una loca

Tomar cerveza es lo más sensato que puedo hacer. Lo disfruto, me relaja y me invita a dormir plácidamente.

Es tan absurdo, crudo, ridículo, triste y deprimente ver el ser que soy, que no me queda nada más apropiado que limitarme a cumplir con mi trabajo, limpiar y hablar lo debido y permitido… hacer lo correcto y evitar mis impulsos de mierda que malogran mi vida.

Me mamé de ceder ante lo que no me gusta y aceptar que eso es la vida; que eso es lo justo. Debo aceptar que nada gira entorno a mí y que yo YO NO GIRO ENTORNO A NADIE.

Puedo liberarme de mi pesadilla construída. Avanzaré en ello.

-Y ahora ¿¡Qué!?, Mariana – Nada. No me pasa nada pero a la vez me pasa todo. Me pasa todo el frío por las manos; ese frío que oscureció mis uñas y congeló parte de mis ilusiones. Me pasa el calor hirviente que me derrite las neuronas en absurdas preocupaciones, así como me pasa la lágrima y el sudor. Me pasa el ardor de la orina triste y el abandono de mi amor… el ahogo en un desierto azul. Me pasa una pisoteada de un espejo en el vago sendero de la luz y parece que carezco de cierta autenticidad. Llegué pura y me descompuse como un juguete chino. ¡Peor aún fue la nube tenebrosa que se anidó en mi cabeza! y me creo que tengo un poder de ver más allá, sintiéndome esa clase de persona que no trasciende en la vida de nadie y de todos. Me creo vidente de otra galaxia y me la paso predicando futuros movidos por mis propias frustraciones; tanto así que si el mundo cayera en estado de coma y yo me tomara el anhelo perdido de ilustrar sus recuerdos, sería en vano. ¿Por qué? pues no lo sé. Tendría que inspeccionar ese agujero negro y hallar la razon instintiva, aprendida o paranormal que me diga si fui una cucaracha con liderazgo o un santo sin brazos para abrazar y sin voz bonita. La verdad de mi misma debería ser algo inherente a mi consciencia pero a veces me desconozco y parte de ese asombro está construyendo una mujer desolada e infeliz. Todo en mí depende de mí y me encantaría que te cortaras el pelo. Adoro verte cambiar, y yo aquí sentada con la entraña vacía y llena de hambre.

Fuí

Esa noche sucedió el evento que cambió la relación. Solté tu mano y seguiste corriendo ya sin mí. Te dejé solo. Leíste: “ella no es”.

Después de eso, cegados por la rutina de la costumbre, la puñalada de la incertidumbre y la pasión entendida fuimos camino a la cima que nos tiene al borde del abismo. Estamos en el límite de las rocas con una fuerte tormenta que estalla y cruje en nuestros corazones. El viento: huracanado.

Los recuerdos gratos han perdurado en nuestro camino. Lograron estabilizar el sendero, y yo, sin ser consciente de la ingenuidad de mis pasos, la indecisión de mis huellas y la pobreza de mi vocabulario. Me cuesta admitir que ya no soy quien algún día te encantó. Reconstruir esa esencia es mi pensamiento permanente pero, a pesar de ser yo misma, no logro recuperarla.

Estoy atada al deseo de ser algo nuevo, lejano al lado infantil e inmaduro que me tiene con el alma putrefacta.

El veto de la sociedad

Tan presente y tan hermético. Ahora yo soy la ladrona. He sido yo la que ultrajó la caja y me atreví a lo que jamás mi pensamiento creería. He sido yo la que pisoteó años de educación y valores de alta transparencia. He sido yo quien arrebató la confianza, a propósito de su escasez, para dejarla caer al vacío.

¿¡Cómo he podido ser yo!?
¡Cómo!

Ya no quiero saber más. Ya no más maltrato por favor.